domingo, 22 de septiembre de 2013

LAS EMOCIONES

“Había una vez una tortuga llamada Tortuguita, que tenía 6 años y a la que no le gustaba
mucho ir al colegio. Allí pasaban cosas que le hacían enfadarse, gritar, patalear y pelearse
con los demás. Ella solo quería dibujar y pintar. No le gustaba colaborar con nadie.
Por eso, todos los días tenía problemas con los compañeros y con su profesora. Después,
se sentía muy mal y muy triste…
Un día se encontró con una anciana tortuga dispuesta a ayudarla, que le dijo:
–Te contaré un secreto.
–¿Cuál? –preguntó Tortuguita.
–Tú llevas encima de ti la solución a tus peleas, insultos, líos, gritos y rabietas.
–Pero… ¿cuál es esa solución? –insistió Tortuguita.
–Es tu caparazón –respondió la vieja tortuga–. Puedes esconderte dentro de él cada vez que
vayas a enfadarte, a gritar, a pelearte… Dentro de tu concha te sentirás a gusto y tranquila.
–¿Y cómo se hace eso? –preguntó de nuevo Tortuguita.
–Encoge los brazos, las piernas y la cabeza. Luego, apriétalos contra tu cuerpo, cierra los
ojos y piensa: «Estoy tranquila. No voy a pelearme. No voy a molestar a nadie».
A continuación, Tortuguita practicó un poco. La anciana tortuga le dijo:
–¡Muy bien! Hazlo así cuando estés en la escuela.
Al día siguiente, Tortuguita se fue al colegio. En un momento, ya por la mañana, empezó
a enfadarse porque un compañero le había dicho algo que a ella no le había gustado.
Pero, antes de ponerse a chillar, a patalear o a decir insultos, pensó: «Debo poner en
práctica lo que me dijo la tortuga mayor. ¡He de meterme en mi caparazón!».
Así lo hizo y no hubo ninguna pelea, ninguna rabieta ni ningún grito. Tortuguita se
tranquilizó y se le pasó el enfado. ¡Qué calmada se sentía! Sus compañeros y la profesora
la felicitaron. Tortuguita se sintió tan contenta…
A partir de ese día, siguió haciendo lo mismo cada vez que pensaba que iba a enfadarse
o a portarse mal. Todos sus compañeros empezaron a sentirse de maravilla con ella.
Ella y los demás aprendieron a estar juntos sin enfadarse.” (Serrano, I. 1998, página 121.
Adaptación).

1. Enseñarles  a «hablarse consigo  mismo» (técnica de las autoinstrucciones) cuando estén muy 
enfadados. Por ejemplo, con fórmulas como estas: 
–  Es mejor tranquilizarse. Respiro lentamente y me siento más tranquilo. Parece que me estoy cal-
mando.

UNIDAD 5